Malabaristas… laicos en camino

Imagen

Cuando entré a CVX (hace ya 15 años… cómo pasa el tiempo!!!) me explicaban la dinámica CVX como aquella mesa de 3 pilares (espiritualidad, comunidad y servicio). Si una de las tres faltaba, la mesa se caía. Luego, en una visita que nos hicieron Javier Uriarte sj y Franklin Ibañez (desde la hermana CVX Perú), vinieron con la novedad del cuarto pilar, la dimensión personal.

Pero a medida que pasa el tiempo, la globalización hace cada vez más evidente que el mundo ha cambiado, aunque tal vez debo reconocer que en 15 años soy yo el que he cambiado y soy más viejo. La vida se complica, y aumentan las responsabilidades, y más que la imagen de la mesa sostenida por estos tres pilares que defendemos se me hace más evidente la metáfora del malabarista que tiene que avanzar con tres o cuatro pelotas que rotan en el aire -a veces más… familia, trabajo, CVX, amigos-. Camina con las cuatro, pero alternando su permanencia en las manos donde máximo pueden caber dos, una en cada mano. En todo momento hay una que queda en el aire, pero también en cada momento hay una o dos sobre las que trabajo, en la medida de mis capacidades. En la mesa, una imagen estática, cada pilar tiene que tener la misma medida, sino tendremos mesa “chueca”. En cambio, para el malabarista, pretender tener las 3 al mismo tiempo y nivel es ignorar las limitaciones del oficio y la naturaleza de su identidad dinámica. Yo creo que el laico ignaciano tiene que aprender el arte de ser malabarista.

El malabarista es por naturaleza un profesional flexible y creativo. Sostengo que mucho más importante que mantener la vida de oración es cultivar la vida espiritual. No todos los días tenemos tiempo para hacer oración, pero todos los días podemos alimentar nuestra espiritualidad: con el examen de conciencia, visitando brevemente al Santísimo, ofreciendo la jornada con una pequeña plegaria, con la devoción del Ángelus o un denario en la metrovía de ida al trabajo. Cualquiera de estas “prácticas” no nos quitan más de 5 minutos en el día. Por supuesto que la oración es necesaria y hay que buscar siempre espacio para ella, pero seamos realistas, ¿qué madre tiene tiempo o “lucidez” (que no le venza el cansancio) para orar 20 minutos todos los días, no se diga más?

Cuando tenemos un molde para medir, vamos a juzgar a los demás. No creo que haya mayor peligro para la vida comunitaria que el juicio porque en lugar de animar e incluir, el “molde” sirve para excluir a los que consideramos que no calzan con el mismo. ¿Y qué tal si nos estamos midiendo con los moldes incorrectos?

En medio de lo abrumador que pueda parecer la vida cotidiana y las mil responsabilidades que nos caen, sigo confirmando que me siento llamado a una vocación que considero plenamente laical. Si esperamos que sea el cura quien nos “resuelva” las desolaciones, aunque más “contenta y tranquila”, dejaría de ser una comunidad de laicos maduros, y retrocedería para convertirse en la “CVX del cura tal o cual”. Laicos que hacen lo que el cura les “ha dado discerniendo”, sin la capacidad de descubrir la voluntad de Dios, a nivel individual y comunitario. Habremos perdido la oportunidad de aprender lo que el Señor nos ha querido decir en este tiempo de crisis: que hay “fórmulas” que debemos estar dispuestos a abandonar y nuevas prácticas que no debemos despreciar.

¿Cómo ser buena noticia en este mundo? La CVX está llamada a crecer, a vivir su adultez a plenitud. Está llamada a comprender que la vocación laical se realiza no a pesar de la vida familiar y la laboral, sino justamente en ellas. Que ahí debemos ser flexibles, para poder ser creativos, co-creadores de estilos de vida nuevos, más plenificantes. Ahí debemos descubrir cómo construir el Reino, un mundo de justicia y paz, a nuestro alrededor. Ahí debemos ser testimonio para un mundo que es laico, mientras “se gana el sueldo y se educa al hijo”.

El mundo está cambiando, es más complejo que hace 10 o 20 años. Cada uno tendrá ejemplos que lo demuestran: la familia está en crisis, la política está en crisis, la economía está en crisis, la Iglesia está en crisis. Arrupe decía hace más de 30 años que más deberíamos temer dar respuestas de ayer a problemas nuevos que enfrentar con valentía lo desconocido. Yo agrego con creatividad y flexibilidad, como el malabarista.

¿Y tú? ¿Qué opinas de esta imagen? ¿tienes otras que nos ayuden a caminar y crecer con paz y gozo?

Anuncios

Intocable

Intouchables

Esta es una película imperdible. Mejor dicho, esta es una historia imperdible, porque está basada en la vida real de Phillipe Pozzo di Borgo y el senegalés Abdel Sellou, una parábola maravillosa para nuestro mundo de hoy que suele olvidar una y otra vez qué es lo más importante en la vida… Yo defino las obras de arte como aquellas que son capaces de cambiarte la mirada: sobre la belleza, sobre la sociedad, sobre la vida cotidiana o el mundo interior. “Intocable” es una obra de arte sobre lo esencial.

La película -drama-comedia- repasa la amistad entre un tetrapléjico llamado Philippe y su cuidador Driss, sin ninguna experiencia o formación para ello y recién salido de la cárcel. La historia lleva a preguntarte ¿quiénes son los realmente discapacitados en nuestra sociedad? ¿Cuál  es la real discapacidad detrás de las incapacidades físicas? Intocable expone sin filosofías o teologías, con humor negro e irreverencia, que la vocación más importante para el ser humano… es ser humano. Que la amistad -la amistad real y sin empalagos adolescentes, sincera y transparente, que no tiene miedo de transitar por el borde de la crueldad y la ridiculez- es la experiencia más humana y humanizante de las vocaciones humanas.

A Phillipe, rico y noble, se le cuestiona cómo es capaz de confiar en un convicto, pobre y sin ley, que en el momento menos pensado no tendrá pena -piedad- de él… “Justamente porque no me tiene pena, como todo el mundo…”, porque lo mira realmente como es, lo trata sin cálculos y al acercarse a él sin medirlo desde sus discapacidades lo hace capaz de que él mismo y quienes están a su alrededor lo vean en toda su humanidad, plena y feliz. Plena y feliz, incluso para un tetrapléjico, un desechable de nuestra sociedad, un “intocable” que “ya tiene” predestinada la tragedia para siempre.

Phillipe y Abdul

Phillipe y Abdul

Quizás, los discapacitados somos nosotros, incapaces de entender, distraídos por los espejismos del dinero, el prestigio, el confort o el poder, qué es lo más importante en esta vida… vale la pena aceptar con gratitud nuestras incapacidades porque sólo al reconocer la importancia del otro brilla en toda su plenitud nuestra propia importancia.

No soy un cinéfilo, no pretendo hacer una crítica de la película, así que te dejo aquí algunas fichas de la misma si quieres más información: IMDb y lawebdelcine.

Aquí está el trailer y el link donde puedes verla en línea. La recomiendo mil veces, es de las que deja el corazón satisfecho:

Moneyball

Me encantan las películas deportivas, pero con las de béisbol me pasa algo peculiar… no soy fanático del deporte, no suelo detenerme a ver los partidos en tv, no tengo idea quiénes son los jugadores más destacados ni cuándo empieza o termina la temporada regular… sin embargo, las películas sobre el béisbol son algunas de las más evocativas que he visto. Sólo recordar a Kevin Costner en For Love of the Game y Field of Dreams y más atrás a Robert Redford en The Natural (un clásico, la escena final con las luminarias estallando es inolvidable). Incluso The Sandlot con “Hércules” tragando cuanta pelota caía en su territorio… Todas estas películas tienen algo en común, no son relatos sobre un juego, sino sobre la vida, los valores, los principios, la persona y el deseo de ser mejores haciendo lo que disfrutamos. Algo que deberíamos ser capaces de hacer todos respecto a nuestras propias vidas.

Sigue leyendo

Cambiar los paradigmas en la educación…

Siempre me ha llamado la atención el tema de los paradigmas. Nos condicionan a actuar o responder de una manera determinada. Tomar conciencia de mis paradigmas me ha llevado a preguntarme: ¿es la única manera de actuar? O peor aún: ¿es la manera correcta?.

Y siempre he creído que la educación, la de los padres y la de la escuela (colegio, universidad), es la gran creadora de paradigmas… la pregunta no es si debemos o no tener paradigmas, sino cuáles sí y cuáles no adoptar. Si vivimos una crisis, es la oportunidad de cambiar los paradigmas. Las crisis son una alerta de que las respuestas que damos (o no damos) no funcionan.

El Ecuador debate, lastimosamente en las calles, un nuevo modelo educativo. Simplificando el tema, en Chile pasa lo mismo. Son crisis que nos invitan a cuestionar nuestros paradigmas. En la universidad, recuerdo un debate en mi clase de Sociología de la educación, en la que el profesor cuestionaba si la educación en el país responde o no a la necesidades de nuestro mercado, de nuestra industria, partiendo del supuesto que para eso es el sistema educativo, para preparar a las personas para trabajar. Yo lo cuestioné por qué la educación tenía que aportar al mercado… no digo que no pueda y deba hacerlo, pero si dejamos el objetivo de la educación ahí, incluso la universitaria, que se restrinja a las necesidades productivas de la sociedad, olvidamos que el objetivo más importante de la educación es el desarrollo de la persona, no de la sociedad. La sociedad se desarrollará en la medida que las personas sean felices desarrollando sus potencialidades.

El mismo paradigma de mi profesor veo hoy en los estudiantes que se quejan contra el “bachillerato unificado” cuando se preguntan (y nos preguntan) qué empresa querrá contratar a un bachiller que no se ha especializado en FIMA o en QUIBIO… Quizá el término “unificado” no es el más adecuado, pero hace mucho tiempo contemplo la necesidad de eliminar la educación “compartimentada” (segmentada, que no permite ver el cuadro completo, la vida) para potenciar las habilidades personales y la colaboración en contra de la estandarización. En el mundo real, los grupos son dinámicos, no esos grupos estáticos como los de los compañeros de curso. La vida es la familia, los amigos, el trabajo, la iglesia, el equipo, el movimiento… cada uno con sus particularidades.

¿Cuál es el efecto de la educación en el desarrollo integral de nuestros niños y jóvenes? ¿Tenemos actualmente una educación que estimula o una que aburre? ¿Nos estamos preparando para este presente tan cambiante, dinámico, en el que se requiere capacidad para el autoaprendizaje, ser creativos, adaptarnos al cambio, a colaborar en las diferencias? ¿Tenemos una educación para aprender a responder a los mil estímulos que hoy tienen nuestros jóvenes (internet, TV por cable, smartphones, Ipods, Ipads, etc., etc.) o para bloquearlos e ignorarlos en laboratorios irreales (aulas) donde aprendemos letras y números que luego no usaremos nunca…? ¿Una que nos enseña a pensar o la que nos da las respuestas? ¿Una que hace mejores personas, ciudadanos, o una que simplemente nos hace mejores trabajadores?

Hay que cambiar los paradigmas. Los dejo con esta excelente presentación de Sir Ken Robinson…

“Yo soy mi puesto”

Yo soy mi puesto, yo soy mi lugar, yo soy mi espacio… en otras palabras, yo no soy responsable de lo tuyo.

Reflexionaba sobre los obstáculos que nos autoimponemos para tener éxito en nuestras organizaciones, ya sean estas una empresa, una comunidad, mi familia… el primer error es considerar que no tengo responsabilidad en las situaciones negativas que se viven en mi organización. Responsabilidad entendida no como quién es el culpable (o quizás sí si consideramos la omisión como una condición que puede provocarla), sino como quién tiene la posibilidad de “responder” frente al problema. Aunque yo esté haciendo bien mi “responsabilidad”, no dejo de ser responsable por lo que suceda en mi organización… o dicho de otra manera, yo tengo mi responsabilidad para ayudar a la organización a conseguir sus metas (nuestras metas)… si no las conseguimos, de nada sirva que yo cumpla con lo mío. Nos necesitamos…
Así lo describe Peter Senge en la Quinta Disciplina:

Nos enseñan a ser leales a nuestra tarea, al extremo de que la confundimos con nuestra identidad.

Cuando una gran acería norteamericana comenzó a cerrar plantas a principios de los años 80, ofreció reeducara los obreros cesantes para que buscaran nuevos empleos. Pero la reeducación no echó raíces; los obreros pasaron a ser desempleados o a realizar tareas independientes. Los psicólogos intentaron averiguar por qué, y notaron que los obreros sufrían agudas crisis de identidad. Preguntaban: “¿Cómo podría hacer otra cosa? Yo soy tornero”.

Cuando les preguntan cómo se ganan la vida, las personas describen las tareas que realizan todos los días, no el propósito de la empresa de la cual forman parte. La mayoría se ven dentro de un “sistema” sobre el cual no ejercen ninguna influencia. “Hacen su trabajo”, cumplen con su horario y tratan de apañárselas ante esas fuerzas que están fuera de su control. En consecuencia, ven sus responsabilidades como limitadas por el puesto que ocupan. 

Recientemente, los managers de una compañía automotriz de Detroit me contaron que habían desmantelado un coche japonés para comprender por qué los japoneses podían alcanzar extraordinaria precisión y confiabilidad a un coste más bajo en cierto proceso de ensamblaje. Hallaron el mismo tipo estándar de perno usado tres veces en el bloque de cilindros. En cada ocasión unía un tipo distinto de componente. En el coche americano, el mismo ensamblaje requería tres pernos diferentes, que requerían tres llaves diferentes y tres inventarios de pernos, con lo cual el ensamblaje resultaba más lento y más costoso. ¿Por qué los americanos usaban tres pernos? Porque la organización de diseño de Detroit tenía tres grupos de ingenieros, cada cual responsable de su propio componente. El japonés tenía un solo diseñador, responsable del montaje de todo el motor, y tal vez de mucho más. La ironía es que cada uno de los tres grupos de ingenieros norteamericanos consideraba que su trabajo era bueno porque su perno y su ensamblaje funcionaban a la perfección.

Cuando las personas de una organización se concentran únicamente en su puesto, no sienten mayor responsabilidad por los resultados que se generan cuando interactúan todas las partes. Más aún, cuando los resultados son decepcionantes, resulta difícil saber por qué. Sólo se puede suponer que “alguien cometió una falla”. 

La Quinta Disciplina

Es el Pensamiento Sistémico que integra a las otras cuatro (según Peter Senge) que permiten construir organizaciones exitosas:
  1. Una visión compartida, que alienta el compromiso a largo plazo…
  2. Conciencia de los modelos mentales, que nos motiva a reconocer los límites de una manera determinada de ver el mundo…
  3. Aprendizaje en Equipo, que ayuda a desarrollar y aprovechar las aptitudes individuales…
  4. Dominio Personal, que nos permite comprender la influencia que podemos ejercer sobre el mundo…
Sin pensamiento sistémico, las organizaciones (y las personas) no dejarán de ser reactivas en lugar de proactivas. Es decir, no dejarán de atribuirle la responsabilidad de su situación a factores externos. El pensamiento sistémico ayuda a descubrir cómo creamos nuestra realidad… y nos da el poder para modificarla.

Salir de nuestros Guettos

Siempre me ha llamado la atención el desafío de romper paradigmas, esas cárceles mentales que nos impiden considerar otras posibilidades, otras soluciones, otras maneras de ver un problema, de enfrentar una realidad, de crear. De eso habla Elif Shafak en esta TED Conferencia… Son las gafas con las que vemos la realidad, o la parte del Elefante que tocan los ciegos y describen de manera tan distinta (¿conocen esa parábola?)

Lo resume hermosamente con esta frase citada: Nuestros profesores no enseñaron “pienso, luego existo” pero ahora hay que añadir “siento, y luego soy libre”… Lo correcto no es reproducir la identidad que se supone que debo duplicar, honrando la cultura propia. Lo correcto es ir siempre más allá, el verdadero conocimiento es el que nos permite ir más allá y no quedarnos estancados en nuestros Guettos que provocan tantos prejuicios y exclusiones en un mundo que necesita ser más abierto, acogedor, tolerante, creativo que ve la diversidad como una ventaja que enriquece la vida de todos y no como un problema.

“Parábola de los Seis Sabios Ciegos y el Elefante”

Seis hindúes sabios, inclinados al estudio, quisieron saber qué era un elefante. Como eran ciegos, decidieron hacerlo mediante el tacto. El primero en llegar junto al elefante, chocó contra su ancho y duro lomo y dijo: «Ya veo, es como una pared». El segundo, palpando el colmillo, gritó: «Esto es tan agudo, redondo y liso que el elefante es como una lanza». El tercero tocó la trompa retorcida y gritó: «¡Dios me libre! El elefante es como una serpiente». El cuarto extendió su mano hasta la rodilla, palpó en torno y dijo: «Está claro, el elefante, es como un árbol». El quinto, que casualmente tocó una oreja, exclamó: «Aún el más ciego de los hombres se daría cuenta de que el elefante es como un abanico». El sexto, quien tocó la oscilante cola acotó: «El elefante es muy parecido a una soga». Y así, los sabios discutían largo y tendido, cada uno excesivamente terco y violento en su propia opinión y, aunque parcialmente en lo cierto, estaban todos equivocados.

Atribuida a Rumi, sufí persa del s. XIII.