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Queremos que sirva…

San Alberto by Christian Ubilla
San Alberto, a photo by Christian Ubilla on Flickr.

Queremos una Iglesia que sirva,
con sotana o sin sotana.
Que nos enseñe a ser más humanos,
más hermanos.
Que nos enseñe,
no con palabras sino con el ejemplo.
Que si no nos inspira a servir
no sirve para nada.

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San Romero de América


San Romero de América

Hoy 24 de Marzo se conmemora el 32 aniversario del martirio de Monseñor Oscar Romero. Como arzobispo de San Salvador, denunció en sus homilías dominicales numerosas violaciones de los derechos humanos, la represión militar y manifestó públicamente su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política de su país haciendo suya la opción preferencial por los pobres. Murió asesinado por un francotirador mientras celebraba una misa, un día después de hacer un enérgico llamamiento al ejército salvadoreño:

Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles… Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: “No matar”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión.

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Caritas in Veritate

Estoy haciendo una lectura orante de Caritas in Veritate, la 2da encíclica (carta pastoral) de Benedicto XVI. Debo reconocer que el Cardenal Ratzinger tiene en mi memoria una impresión negativa por el puesto que le tocó ocupar antes de ser nombrado Papa: presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, algo así como una versión moderna de la Santa Inquicisión, aquella institución eclesiástica dedicada a censurar y condenar  las desviaciones de la fe. Un oficio peligroso porque la línea que divide el cuidado de la fe de la condena por la fe es muy delgada… muchos jesuitas y otros católicos de vanguardia, muchos incomprendidos, fueron perseguidos injustamente por la Congregación para la Doctrina de la Fe, con Ratzinger a la cabeza… Todo esto como introducción.

“La caridad en la verdad… es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de la persona y de toda la humanidad”. Detrás de los puntos suspensivos he omitido la mención a Jesús, que aunque es coherente con mi fe cristiana, me parece que le quita la universalidad que puede tener esta frase para los hombres  y mujeres de buena voluntad que abundan entre nosotros, que no comparten la misma fe, pero creemos en los mismos valores.

 “Cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él y en él encuentra su verdad, y aceptando esta verdad, se hace libre…”

 “Por lo tanto, defender la verdad, proponerla con humildad y convicción y testimoniarla en la vida son formas exigentes e insustituibles de caridad.”

Son frases tan solo del primer párrafo de la encíclica… muy apropiado en esta época de mi vida en la que me planteo cómo incorporar el discurso y la práctica del amor en mi ejercicio profesional, del mundo empresarial, gerencial… donde todo suele ser sumamente racional, las metas pueden hacerlo a uno sumamente frío e insensible y olvidar que el amor es lo que da plenitud a todos los proyectos  humanos.

Dios le regaló a Ratzinger la oportunidad de demostrarnos que es un siervo de Dios… que cumplió  lo más eficientemente -según su entender y aunque no nos haya agradado a muchos- con el rol que le tocó cumplir en la Congregación y ahora está siendo igualmente de contudente en el nuevo rol que la Iglesia le ha entregado… guiarnos por el sendero de la verdad y la caridad…