Vídeo

Economía Social

Hace unos días publiqué un post sobre la Economía Social, hoy encontré este video que aclara un poco más el concepto.

Además, así la define la LEY ORGÁNICA DE LA ECONOMÍA POPULAR Y SOLIDARIA del Ecuador:

La economía popular y Solidaria a la forma de organización económica, donde sus integrantes, individual y colectivamente, organizan y desarrollan procesos de producción, intercambio, comercialización, financiamiento y consumo de bienes y servicios, para satisfacer necesidades y generar ingresos, basadas en relaciones de solidaridad, cooperación y reciprocidad, privilegiando al trabajo y al ser humano como sujeto y fin de su actividad, orientada al buen vivir, en armonía con la naturaleza, por sobre la apropiación, el lucro y la acumulación de capital. 

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22 de Marzo: Día del Agua

El 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua. La ONU definió como tema del día en el 2012 «El agua y la seguridad alimentaria» desde el enfoque de que ya somos más de 7000 millones de personas en el planeta que necesitamos alimentarnos y se requiere este recurso para poder producir los alimentos.

Estero Salado - SAMBITO

Contaminación del Estero Salado de Guayaquil

¿Sabías que producir 1 kilo de carne de vaca, por ejemplo, consume 15.000 litros de agua, y 1 kilo de trigo se ‘bebe’ 1.500 litros? Comer más carne tiene un mayor impacto sobre los recursos del planeta. Come menos carne (no digo que te hagas vegetariano), el pescado, el pollo y las verduras son más saludables y ayudas al planeta.

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Retornar a la economía social

Frente a la crisis económica capitalista del occidente y la crisis ambiental mundial expresada en el cambio climático se presentan varias alternativas. La próxima Cumbre de la Tierra (Río+20) hablará de la Economía Verde, sin embargo ya muchas voces critican este concepto pues sostienen que en los últimos 20 años, desde la primera Cumbre de la Tierra cuando se acuñó el término desarrollo sostenible, la “mercantilización” de la naturaleza no ha hecho sino profundizar el problema. De todas maneras es muy interesante que al presentar el concepto, la ONU hable de una economía “en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza” como desafíos interconectados e inseparables.

Muy interesante, pues estamos frente a un nuevo paradigma de sociedad en el que se abandona la perspectiva desde la cual la economía es (sólo) para producir utilidades (y los trabajadores son recursos para obtenerla). Las utilidades son una consecuencia deseable, no una finalidad. El objetivo de la economía debe ser brindar bienes y servicios (bienestar) a las personas, con responsabilidad (ambiental), y dar empleo para poder acceder a dicho bienestar con dignidad. La economía es para las personas, no las personas para el bienestar de la economía.

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Recicla X Cultura 2011 en imágenes!

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Vídeo

Recicla X Cultura

Terminamos la primera etapa de Recicla X Cultura.

100 Escuelas
39.650 niños
246 horas de capacitaciones
8.265 kg. de papel = 124 árboles salvados
7.468 kg. de plásticos = 266.714 botellas recuperadas

Guayaquil aprende a Reciclar…

Cambiar los paradigmas en la educación…

Siempre me ha llamado la atención el tema de los paradigmas. Nos condicionan a actuar o responder de una manera determinada. Tomar conciencia de mis paradigmas me ha llevado a preguntarme: ¿es la única manera de actuar? O peor aún: ¿es la manera correcta?.

Y siempre he creído que la educación, la de los padres y la de la escuela (colegio, universidad), es la gran creadora de paradigmas… la pregunta no es si debemos o no tener paradigmas, sino cuáles sí y cuáles no adoptar. Si vivimos una crisis, es la oportunidad de cambiar los paradigmas. Las crisis son una alerta de que las respuestas que damos (o no damos) no funcionan.

El Ecuador debate, lastimosamente en las calles, un nuevo modelo educativo. Simplificando el tema, en Chile pasa lo mismo. Son crisis que nos invitan a cuestionar nuestros paradigmas. En la universidad, recuerdo un debate en mi clase de Sociología de la educación, en la que el profesor cuestionaba si la educación en el país responde o no a la necesidades de nuestro mercado, de nuestra industria, partiendo del supuesto que para eso es el sistema educativo, para preparar a las personas para trabajar. Yo lo cuestioné por qué la educación tenía que aportar al mercado… no digo que no pueda y deba hacerlo, pero si dejamos el objetivo de la educación ahí, incluso la universitaria, que se restrinja a las necesidades productivas de la sociedad, olvidamos que el objetivo más importante de la educación es el desarrollo de la persona, no de la sociedad. La sociedad se desarrollará en la medida que las personas sean felices desarrollando sus potencialidades.

El mismo paradigma de mi profesor veo hoy en los estudiantes que se quejan contra el “bachillerato unificado” cuando se preguntan (y nos preguntan) qué empresa querrá contratar a un bachiller que no se ha especializado en FIMA o en QUIBIO… Quizá el término “unificado” no es el más adecuado, pero hace mucho tiempo contemplo la necesidad de eliminar la educación “compartimentada” (segmentada, que no permite ver el cuadro completo, la vida) para potenciar las habilidades personales y la colaboración en contra de la estandarización. En el mundo real, los grupos son dinámicos, no esos grupos estáticos como los de los compañeros de curso. La vida es la familia, los amigos, el trabajo, la iglesia, el equipo, el movimiento… cada uno con sus particularidades.

¿Cuál es el efecto de la educación en el desarrollo integral de nuestros niños y jóvenes? ¿Tenemos actualmente una educación que estimula o una que aburre? ¿Nos estamos preparando para este presente tan cambiante, dinámico, en el que se requiere capacidad para el autoaprendizaje, ser creativos, adaptarnos al cambio, a colaborar en las diferencias? ¿Tenemos una educación para aprender a responder a los mil estímulos que hoy tienen nuestros jóvenes (internet, TV por cable, smartphones, Ipods, Ipads, etc., etc.) o para bloquearlos e ignorarlos en laboratorios irreales (aulas) donde aprendemos letras y números que luego no usaremos nunca…? ¿Una que nos enseña a pensar o la que nos da las respuestas? ¿Una que hace mejores personas, ciudadanos, o una que simplemente nos hace mejores trabajadores?

Hay que cambiar los paradigmas. Los dejo con esta excelente presentación de Sir Ken Robinson…

¿Es posible ser un líder ético en el Ecuador?

Estoy reemplazando temporalmente a una docente en sus clases de Ética. Son estudiantes de varias carreras: Marketing, Negocios, etc. Ayer disfruté un debate que hicimos en clase con dos grupos que dieron sus argumentos a favor y en contra: ¿Es posible ser un líder ético en el Ecuador? Escuché argumentos tan válidos de un lado y otro:

  • En un país donde no hay educación de calidad o mucha gente no tiene siquiera acceso a la misma, donde hay pobreza generalizada, cómo podemos esperar ética, donde predomina la cultura de supervivencia.
  • La corrupción está generalizada e incrustada en las estructuras de la sociedad: aunque quieras ser honesto en algún momento te pondrán frente a una situación donde tendrás que elegir entre aceptar “saltarte una regla” o padecer las consecuencias: filas eternas para acceder a un servicio que por la vía alternativa se puede demorar 5 minutos, darle una propina al vigilante que se inventa infracciones aprovechando de su poder, copiar la tarea porque tengo que trabajar y no me queda tiempo, etc…
  • Al final, ser ético o no, depende de cada uno…
  • ¿Ser ético depende de las circunstancias?
  • Las pequeñas acciones son las que construyen la corrupción (o la cultura ética)…
  • No se requiere tener un cargo importante para ser líder. el liderazgo tiene que ver con tu poder de influencia, no con el número de seguidores que tengas…

Interesante, buena discusión… al final, es un tema complejo; al final, ser ético es lo deseable y siempre posible, pero quién se atreva a vivir así tiene que saber que tiene su costo, su sacrificio… a veces es ganar un poco menos de dinero (pero dinero limpio) o que mi prestigio sea amenazado (incluso destruido), y otras veces se trata de efectos aún más serios, como poner en riesgo a mi familia o mi propia vida.

Recuerdo dos ejemplos que ilustran esta idea. El primero es un caso de la vida real: Nelson Mandela, en su autobiografía (El largo camino hacia la Libertad…), justificaba la lucha armada diciendo: “La naturaleza de la lucha la determina el opresor”. Mi naturaleza pacifista se resiste a aceptar la lucha violenta, sin embargo cuando el opresor sólo acepta la sumisión y cualquier reacción se reprime con violencia, a veces la única alternativa que queda para recuperar la libertad es protegerse con las armas… lo entiendo, ojalá no me toque nunca enfrentar una decisión de esa naturaleza… Este mismo concepto lo desarrolló Ignacio Ellacuría, rector de la UCA en El Salvador en época de dictadura, luego muerto mártir: existe la violencia opresiva, la violencia revolucionaria o liberadora y la violencia represiva…  La violencia revolucionaria estará justificada, dado el problema de la injusticia estructural. Sin embargo, la licitud de este tipo de violencia estará restringida, porque la violencia «siempre es un mal, y sólo puede ser usada en proporción con el mal mayor que se quiere evitar. Ese mal ha de medirse sobre todo en relación con los daños que a corta y larga distancia se den para las mayorías».

El otro ejemplo es ficticio, una de las mejores películas que he visto en mi vida, no porque sea la historia de un héroe de cómics y los efectos especiales sean espectaculares (que hay mejores), sino porque es una excelente radiografía, cruda y realista, de la sociedad en que vivimos. Si no la han visto con esos ojos, les recomiendo analizar todas las metáforas que Chris Nolan desarrolló en esta versión de Batman, y del verdadero protagonista de esta película: el Joker (lee mi reseña en el 2008). El Caballero de la Noche, Batman está en la encrucijada de romper algunas reglas para atrapar al enemigo. Llega a reflexionar con su mayordomo, Alfred, que él no es el héroe ideal que todos quisieran, es el héroe que su sociedad se merece y el que necesitan. Quizá no el más popular, sí el que protege a los suyos, incluso de sus propios errores. Vivimos en una sociedad que merece los líderes que tenemos y requerimos no líderes salvadores, mesías, sino héroes que nos cuestionen en lo más profundo de nuestras actitudes corrompidas y disfrazadas de “derechos”.

Ser un líder ético en una sociedad como la nuestra tiene sus consecuencias. Pero como decía uno de los estudiantes, es cuestión de evaluar qué es peor, aceptar el costo de la lucha o dejarle a los míos un mundo cada vez más miedoso, más enrejado… más democrático porque elige más y lo puede comprar todo, pero menos democrática porque en el fondo asumimos menos responsabilidades y elegimos escondernos antes que enfrentar los problemas.

 Me dio gusto el debate, fue revelador. Como fue revelador la encuesta que ensayé con ellos. Les pregunté cuáles son las cualidades que debe tener un líder y las comparamos con la misma encuesta hecha por Steven Covey.

 

 Fue revelador descubrir que a pesar de todo, estamos condicionados (no determinados) por nuestra cultura. La encuesta de Covey resalta la integridad, la centralidad de la persona y otras cualidades internas del líder. Los estudiantes apenas mencionaron la integridad y más bien se destacan cualidades de comunicación, motivación, don de mando y la fortaleza, todas cualidades externas del líder. No sé si a ustedes les pasa lo mismo, pero pasan por mi cabeza rostros de la mayoría de nuestros presidentes, líderes barriales, universitarios, etc… y uno comprende esta radiografía: seguimos identificando liderazgo con don de palabra, no importa si esas palabras son respaldadas por acciones éticas o están vacías de propósito.

 Es hora de elegir líderes éticos, pero aún más, es hora de elegir ser líderes éticos. Y eso no se decide una vez y ya… se elige todos los días.