3 caminantes… hacia comunidades peregrinas

“Y me pregunto: ¿estamos en espera o estamos cerrados? ¿Somos vigilantes o nos quedamos seguros en un albergue, a lo largo del camino y no queremos ir más adelante? ¿Somos peregrinos o somos errantes?”

Papa Francisco, 23 de diciembre de 2013.

Caminantes ....

Imagen de Alexis Martín con licencia CC BY-NC 4.0

Cuando pienso en nuestras comunidades, tres imágenes: mochileros, vagabundos o peregrinos. Es posible que a los tres los encuentres en el mismo camino, lo que los diferencia es la actitud con la que caminan. No los diferencia la vocación, todos son caminantes. Tampoco los recursos: todos van ligeros de equipaje. Ni siquiera el destino, no sería extraño que los tres lleguen al mismo lugar. La diferencia es la actitud.

El mochilero busca diversión, distracción, aventura y “nuevas experiencias”. Objetivos cortos. Quiere conocer nuevos lugares, pero superficialmente. Una vez que pasa la novedad se aburre. Caminan mientras sea divertido. Cuando termina la aventura, termina el viaje. Lo importante es pasarlo bien. Siempre regresan con muchas historias para contar, fotos, recuerdos, souvenirs…

La mayoría de comunidades empiezan como mochileras pero ninguna dura mucho tiempo así. Algunos terminan el paseo cuando consiguen lo que buscaban (conscientemente o no). Les gusta “andar” con los amigos pero se aburren cuando termina la novedad. Les atrae la CVX pero sólo sus grandes experiencias, las “aventuras”, como los ejercicios espirituales. Se llenan de recuerdos, de souvenirs, pero cuando es momento de “algo más”, muchas abandonan el camino.

El vagabundo va libre, pero errante. Camina, nunca se queda en un solo lugar, pero confunde caminar con estar en camino. Va de un lado a otro, pero no sabe a dónde va.  Llega a muchos destinos pero nunca llega a ninguna parte, en realidad se quedó instalado. Pide, mendiga, no tiene nada que ofrecer.

Ninguna comunidad debería ser vagabunda, pero hay muchas… muchísimas. Pueden durar toda la vida, pero no llegaron a ninguna parte. Van a todos los encuentros, hacen ejercicios espirituales todos los años, leen y hasta responden todos los comunicados, cumplen todos los requisitos de la CVX, pero andan sin rumbo. No optan, acogen las metas que les llegan. Confunden “disponibilidad” con comodidad y ausencia de discernimiento. Piden, exigen, pero no tienen nada que aportar. Apoyan todo…  excepto cuando se quieren meter con su bolsillo o su propio “ritmo”.

El peregrino va a un lugar sagrado y así hace sagrado cualquier camino. Tiene un punto de llegada, pero sabe que el camino también es un destino. Camina porque comprende que estacionado, instalado, no llegará a ninguna parte. Disfrutan tanto el paisaje como lo que el paisaje provoca en su interior. Caminan porque tienen fe, porque buscan liberación (o penitencia) o por gratitud. Empieza con objetivos cortos, pero con grandes intuiciones: En el camino descubre (discierne) el verdadero sentido de su caminar y en su destino encuentra siempre un Destino mayor. Mendiga pero también comparte. Cuando termina el camino que iniciaron, toda su vida se ha convertido en Camino.

Toda comunidad debería ser peregrina, pero hay pocas… poquísimas. El Evangelio y los ejercicios espirituales son su “manual de camino”. Se dejan guiar pero son libres para elegir. Son exigentes pero al hacerlo también se exigen a sí mismos. Se animan y acompañan unos a otros pero también saben corregirse mutuamente. Se afanan por actuar (como Marta) pero no olvidan que lo más importante es seguir a Jesús (como María). Las comunidades peregrinas disciernen, envían, acompañan y evalúan…

Ignacio de Loyola se autodenominó “el peregrino”. Los primeros cristianos, antes de ser llamados “cristianos”, fueron conocidos como “los del Camino”. Son imágenes que nos invitan a cuestionarnos… ¿Y tu comunidad? ¿Avanza peregrina, desinstalada, desacomodada, discerniendo conscientes que su misión no es sólo a dónde va, sino cómo avanza: con el Señor, por Él y en Él, que se llamó a sí mismo El Camino…?

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Malabaristas… laicos en camino

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Cuando entré a CVX (hace ya 15 años… cómo pasa el tiempo!!!) me explicaban la dinámica CVX como aquella mesa de 3 pilares (espiritualidad, comunidad y servicio). Si una de las tres faltaba, la mesa se caía. Luego, en una visita que nos hicieron Javier Uriarte sj y Franklin Ibañez (desde la hermana CVX Perú), vinieron con la novedad del cuarto pilar, la dimensión personal.

Pero a medida que pasa el tiempo, la globalización hace cada vez más evidente que el mundo ha cambiado, aunque tal vez debo reconocer que en 15 años soy yo el que he cambiado y soy más viejo. La vida se complica, y aumentan las responsabilidades, y más que la imagen de la mesa sostenida por estos tres pilares que defendemos se me hace más evidente la metáfora del malabarista que tiene que avanzar con tres o cuatro pelotas que rotan en el aire -a veces más… familia, trabajo, CVX, amigos-. Camina con las cuatro, pero alternando su permanencia en las manos donde máximo pueden caber dos, una en cada mano. En todo momento hay una que queda en el aire, pero también en cada momento hay una o dos sobre las que trabajo, en la medida de mis capacidades. En la mesa, una imagen estática, cada pilar tiene que tener la misma medida, sino tendremos mesa “chueca”. En cambio, para el malabarista, pretender tener las 3 al mismo tiempo y nivel es ignorar las limitaciones del oficio y la naturaleza de su identidad dinámica. Yo creo que el laico ignaciano tiene que aprender el arte de ser malabarista.

El malabarista es por naturaleza un profesional flexible y creativo. Sostengo que mucho más importante que mantener la vida de oración es cultivar la vida espiritual. No todos los días tenemos tiempo para hacer oración, pero todos los días podemos alimentar nuestra espiritualidad: con el examen de conciencia, visitando brevemente al Santísimo, ofreciendo la jornada con una pequeña plegaria, con la devoción del Ángelus o un denario en la metrovía de ida al trabajo. Cualquiera de estas “prácticas” no nos quitan más de 5 minutos en el día. Por supuesto que la oración es necesaria y hay que buscar siempre espacio para ella, pero seamos realistas, ¿qué madre tiene tiempo o “lucidez” (que no le venza el cansancio) para orar 20 minutos todos los días, no se diga más?

Cuando tenemos un molde para medir, vamos a juzgar a los demás. No creo que haya mayor peligro para la vida comunitaria que el juicio porque en lugar de animar e incluir, el “molde” sirve para excluir a los que consideramos que no calzan con el mismo. ¿Y qué tal si nos estamos midiendo con los moldes incorrectos?

En medio de lo abrumador que pueda parecer la vida cotidiana y las mil responsabilidades que nos caen, sigo confirmando que me siento llamado a una vocación que considero plenamente laical. Si esperamos que sea el cura quien nos “resuelva” las desolaciones, aunque más “contenta y tranquila”, dejaría de ser una comunidad de laicos maduros, y retrocedería para convertirse en la “CVX del cura tal o cual”. Laicos que hacen lo que el cura les “ha dado discerniendo”, sin la capacidad de descubrir la voluntad de Dios, a nivel individual y comunitario. Habremos perdido la oportunidad de aprender lo que el Señor nos ha querido decir en este tiempo de crisis: que hay “fórmulas” que debemos estar dispuestos a abandonar y nuevas prácticas que no debemos despreciar.

¿Cómo ser buena noticia en este mundo? La CVX está llamada a crecer, a vivir su adultez a plenitud. Está llamada a comprender que la vocación laical se realiza no a pesar de la vida familiar y la laboral, sino justamente en ellas. Que ahí debemos ser flexibles, para poder ser creativos, co-creadores de estilos de vida nuevos, más plenificantes. Ahí debemos descubrir cómo construir el Reino, un mundo de justicia y paz, a nuestro alrededor. Ahí debemos ser testimonio para un mundo que es laico, mientras “se gana el sueldo y se educa al hijo”.

El mundo está cambiando, es más complejo que hace 10 o 20 años. Cada uno tendrá ejemplos que lo demuestran: la familia está en crisis, la política está en crisis, la economía está en crisis, la Iglesia está en crisis. Arrupe decía hace más de 30 años que más deberíamos temer dar respuestas de ayer a problemas nuevos que enfrentar con valentía lo desconocido. Yo agrego con creatividad y flexibilidad, como el malabarista.

¿Y tú? ¿Qué opinas de esta imagen? ¿tienes otras que nos ayuden a caminar y crecer con paz y gozo?

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Queremos que sirva…

San Alberto by Christian Ubilla
San Alberto, a photo by Christian Ubilla on Flickr.

Queremos una Iglesia que sirva,
con sotana o sin sotana.
Que nos enseñe a ser más humanos,
más hermanos.
Que nos enseñe,
no con palabras sino con el ejemplo.
Que si no nos inspira a servir
no sirve para nada.

Lo ridículo de las religiones (y de ciertos documentales)

Religulous, una mezcla entre las palabras «Religion» (religión) y «Ridiculous» (ridículo), es un “documental” protagonizado por Bill Maher, el famoso comediante de la TV norteamericana. El entrecomillado es mío, ya que considero que vale la pena aquí analizar la línea -muy fina- que separa el género documental, que presenta aspectos de la realidad, y lo que logra este audiovisual, más cercano al género comedia, si bien parte de hechos reales.

Debo aclarar primero que disfruté el documental. Me divirtió. Me reí en muchas partes y me identifiqué con muchas de las mismas críticas que hace Maher frente a ciertas prácticas y creencias religiosas. No niego ni lo escondo. Que hoy la gente siga comprando “indulgencias plenarias” me parece simplemente estúpido y que aún exista quienes nieguen la evolución y crean que Adán y Eva fueron personajes históricos creo que sólo es evidencia de alta ignorancia (¿quién sería el biógrafo o el reportero con grabadora en mano, que estuvo ahí para registrar la historia?). Creo que si el objetivo del “documental” hubiera consistido en presentar la manipulación que se puede realizar desde las religiones y casos de fanáticos religiosos que rayan en lo ridículo, habría conseguido su fin con éxito, empleando la sátira, la ironía y el sarcasmo como válidos instrumentos.

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Un Momento de Fe

Fe by Christian Ubilla
Fe, a photo by Christian Ubilla on Flickr.

Camino al trabajo o regresando a casa,
me detengo, te visito, te dedico unos minutos,
enciendo una luz como enciendo un momento,
activo un encuentro,
cierro los ojos, levanto las manos, me vuelvo hacia Ti,
pido, agradezco, ruego
y sigo el camino Contigo…

Fotografía tomada en Cuenca-Ecuador

 

San Romero de América


San Romero de América

Hoy 24 de Marzo se conmemora el 32 aniversario del martirio de Monseñor Oscar Romero. Como arzobispo de San Salvador, denunció en sus homilías dominicales numerosas violaciones de los derechos humanos, la represión militar y manifestó públicamente su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política de su país haciendo suya la opción preferencial por los pobres. Murió asesinado por un francotirador mientras celebraba una misa, un día después de hacer un enérgico llamamiento al ejército salvadoreño:

Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles… Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: “No matar”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión.

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Om mani padme hum

OM (Mantra que significa unidad con lo supremo)

Siempre he sentido cierta atracción hacia el mundo tibetano. Su espiritualidad, el concepto de la compasión tan arraigada en su cultura, la transparencia, la profundidad, la paz y la integración con el cosmos. Ahí nuestro concepto de éxito no tiene ningún valor, por encima de él está la búsqueda de la felicidad, que tiene mucho más sentido que nuestro deseo de poder, prestigio y dinero. ¿En qué es mejor gastar nuestras energías?

De hecho, tengo tatuado el OM (sí, aquel con el que meditan en el yoga), que significa unidad con lo supremo, la combinación de lo físico con lo espiritual. Es la sílaba sagrada, el primer sonido del Todopoderoso, el sonido del que emergen todos los demás sonidos, ya sean de la música o del lenguaje. Por supuesto, yo lo he relacionado con un concepto católico, el OM como el nombre de Dios: “Yo Soy el que Soy“.

Navegando por la web encontré este mantra Om mani padme hum y al buscar el significado me pareció tan poderoso:

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