Moneyball

Me encantan las películas deportivas, pero con las de béisbol me pasa algo peculiar… no soy fanático del deporte, no suelo detenerme a ver los partidos en tv, no tengo idea quiénes son los jugadores más destacados ni cuándo empieza o termina la temporada regular… sin embargo, las películas sobre el béisbol son algunas de las más evocativas que he visto. Sólo recordar a Kevin Costner en For Love of the Game y Field of Dreams y más atrás a Robert Redford en The Natural (un clásico, la escena final con las luminarias estallando es inolvidable). Incluso The Sandlot con “Hércules” tragando cuanta pelota caía en su territorio… Todas estas películas tienen algo en común, no son relatos sobre un juego, sino sobre la vida, los valores, los principios, la persona y el deseo de ser mejores haciendo lo que disfrutamos. Algo que deberíamos ser capaces de hacer todos respecto a nuestras propias vidas.

Moneyball es la historia de cómo cambió la historia de un deporte, pero es también el relato de un hombre cambiando las reglas, teniendo fe y jugándolo todo, su reputación, su carrera, todo por una causa.

Quizá el nombre de la película es a primera vista desafortunado, porque justamente es una historia contra el endiosamiento a un concepto de éxito que sólo se mide con dinero, cuestiona el enfoque que deshumaniza los números (o convierte en números a las personas), y más bien propone ser capaz de cuestionar las prácticas más tradicionales de cualquier disciplina, por amor a esa disciplina, porque tenemos la certeza, equivocados o no, de que vemos algo diferente que nos hará mejores. Se trata de devolver la humanidad al deporte (o cualquier cosa que hagamos en la vida), dejar de “endiosar” a los mejores y revalorar al equipo, sumar los talentos de todos!

El mundo (este estilo de vida predominante) desprecia el valor de las personas que han tenido la desgracia de no ser los más destacados. La película no es sobre una persona teniendo éxito, es sobre ser capaz de cambiar los paradigmas, ser fiel a tus intuiciones y así ayudar a un equipo a superar sus propias expectativas, sus propios límites. Es curioso, en lugar de valorar al individuo en desmedro del grupo, se valora a cada persona (aunque no sea el mejor) para potenciar al equipo.

No todo es cuestión de éxito y dinero… hay cosas más valiosas en la vida. Cada uno somos jugadores en una o varias canchas, la pregunta es cuál es mi dosis de talento que voy a aportar para construir equipos ganadores.

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