El poder de las redes sociales

Desde que empezó la campaña hace unos meses, me ha impresionado este caso de Kit Kat, podría convertirse en caso de estudio sin duda alguna. La presión que puede tener la ciudadanía a partir de las redes sociales ya no es una posibilidad es una realidad.

A través de facebook, twitter y los blogs, las empresas pueden generar un espacio de fidelidad con un consumidor satisfecho, pero también son medios poderosos para que un consumidor insastisfecho pueda destruir la reputación de una transnacional como Nestlé.

¿Qué sucedió?

Nestlé, una empresa con sendos programas de responsabilidad social, olvidó controlar las políticas de su proveedor del aceite de palma con que se hace el chocolate Kit Kat. Resulta que para cultivar la palma se talan los bosques donde habitan los Oragutanes de Indonesia. Los oragutanes están en peligro de extinción grave.

¿Quién se dio cuenta?

Greenpeace, la mundialmente conocida ONG ambientalista, seguida por miles de ecologistas en todo el mundo, acogió los reclamos de estos miles de ciudadanos preocupados por la conservación del planeta.

¿Qué hicieron?

Aprovecharon las redes sociales, dieron a conocer el problema y desataron una campaña pero amenazante para cualquier empresa: si estás en contra de que Nestlé siga haciendo Kit Kat con el aceite de palma que extingue a los oragutanes, manda una carta a Nestlé indicando que si no detiene esta práctica vas a dejar de consumir sus productos. Hay miles de marcas de chocolates en el mercado, ¿qué pierdo como consumidor si me abstengo a comer esta marca sabiendo que al hacerlo estoy apoyando una causa noble?

¿La campaña fue agresiva? Sí y mucho. Vean la propaganda que elaboró Greenpeace…

Hasta podría ser objeto de demanda por uso indebido de marca, pero cómo se va a atrever Nestlé con el “rabo de paja” que carga… podría ganar en un tribunal, pero la reputación de marca sólo puede empeorar en una pelea así.

¿El resultado?

Nestlé ya declaró que dejará de usar productos provenientes de la destrucción de bosques tropicales

Está claro… es la era del consumidor, ya sea para desatar una cultura desenfrenada e irracional de consumismo sin medida ni responsabilidad, o para propender una democracia participativa, donde el que compra tiene el PODER de exigir con su dinero lo que necesita de una empresa o castigar con su “no compra” a la empresa que no cumple con sus exigencias de calidad, pero sobretodo de ética.

Hoy todo lo que hace falta es acceso a la información y a un teléfono celular. Sólo recuerden que los forajidos de Lucio se movieron con una radio y mensajes de celular cuando todos los canales de televisión y los periódicos ignoraban lo que sucedía…

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