Mata ese niño…

Venas cortadas, pastillas vacías…
continúan las pesadillas.

Pesadillas conscientes que en el día me inundan,
son tus llamadas y tus visitas hirientes.

Hirientes por inconscientes
que no saben que causan daño.
Es tu niñez que te persigue complaciente.

Niñez complaciente que no te deja crecer,
que te tapan los ojos y pequeña te hace pequeña,
haciéndote creer que eres más importante que la luna.

Esa misma luna que me llama al suspiro
que encuentra en tu niñez complaciente
a aquel que corta respiros.

¿Que si no me importa?
Si no importara,
¿crees que tendría miedo de encontrar
en la mañana tu cuerpo herido?

Y tan herido encuentro tu cuerpo
que no da espacio al suspiro,
sino a un silencio que busca en el amanecer
aquel día que nunca va a volver.

Vuelve a tu mente y mata ese niño
que está matando tu cuerpo y el mío.

Vuelve a tu cuerpo y detén el destino
vence a ese niño que eres tú mismo.

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